Concepción, Chile

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Una receta sencilla pero efectiva, que permite a los establecimientos en SIMCE, a juicio de Isidora Mena, es preocuparse por crear un agradable clima de trabajo al interior de la escuela.

El primer efecto de una buena convivencia es la disminución del ausentismo docente. Y a esto se suma una serie de ventajas.

Isidora Mena

Doctora en ciencias de la educación
y directora de “Valoras UC”,
programa de estudios de la Universidad Católica.

Isidora Mena, es doctora en ciencias de la educación. Su amplia experiencia en temas de convivencia escolar, la ha hecho conocer muy bien la realidad de las escuelas chilenas. “Si falta un profesor hay un curso que no está aprendiendo”, dice, y según su experiencia, la cantidad de ausencias de profesores en los colegios donde hay malestar docente es muy alta. Pero además si las relaciones entre profesores, o entre el cuerpo docente y la dirección, se deterioran, es mucho más difícil intercambiar metodologías, por lo que surge un “bloqueo” que dificulta mejorar los resultados del establecimiento. Cuando no hay buena convivencia, nadie quiere hacer proyectos, y las propuestas nuevas son boicoteadas, los profesores se resisten a ser evaluados, y por diversas situaciones se dificulta la entrada de programas, oportunidades y herramientas del sector.

En cambio, en las escuelas donde existe un clima apropiado, los profesores se apoyan mutuamente, se preguntan las dudas y comparten estrategias. Al mismo tiempo, los alumnos van al colegio y aprenden más. “En los colegios donde las cosas funcionan bien desde el punto de vista de la convivencia (añade Isidora Mena), los niños no quieren volver a sus casas, y aunque se queden jugando, están en una ambiente más letrado donde hay salas de computación, la gente conversa, reflexiona, tiene más lenguaje y eso impacta académicamente”. Otro aspecto relacionado a lo anterior es que la indisciplina en la sala de clases disminuye ostensiblemente; es más fácil que los niños respeten las instrucciones, hagan silencio y se traten mejor entre ellos. Según la especialista, el aprendizaje se ve afectado cuando los niños no se llevan bien. Y en un colegio donde hay buena convivencia los niños se llevan mejor entre sí y no hay alumnos distraídos pensando en cómo van a librarse del compañero que le quiere molestar en el recreo.

Es por eso que el mejoramiento del clima escolar aumenta el rendimiento per se, independientemente de que existan o no cursos de perfeccionamiento y otras medidas adicionales, ya que los docentes logran compartir lo que saben con los niños.

Un factor clave, que subraya la importancia de una buena convivencia, es que el aprendizaje ocurre primero en lo social y después en lo psicológico, ocurre como una experiencia de interacción con otros. Es “una actividad que se realiza con otro, (directa o indirectamente) que media en la zona de desarrollo próximo, para que se logre una actividad nueva. Implica actividad socio afectiva y cognitiva, de vínculo” (dice la especialista). El conocimiento tiene un aspecto emocional por el hecho de haber hecho algo en conjunto con alguien.

Escuchar a los niños

Muchas veces ocurre, en el curso de un proceso de mejoramiento del clima escolar, que los profesores escuchan a los niños y se dan cuenta de que están enseñando en un nivel más bajo del que tienen. Un ejercicio básico que cita Isidora Mena consistente en preguntarles a los niños qué necesitan para estar mejor en el aula y aprender. Los niños se organizan en grupos y después llegan a una conclusión. La especialista concluye que al final de ese pequeño ejercicio muchos profesores no podían creer que esos niños fueran sus mismos alumnos, a quienes ellos creían poco capaces.

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